Páginas vistas en total

El destino del hombre


En este pensamiento, eliminaré todo tipo de suavizantes, dando una perspectiva bíblica real de cual es el destino del hombre.

Mientras vivimos aquí en la tierra, nuestro bienestar o malestar depende muchas veces del dinero que disponemos, de la salud que nos acompaña y de nuestro entorno social y familiar.

Pero tras la muerte, todo esto no tiene validez y somos tremendamente vulnerables a nuestro destino.


El ser humano al igual que todas las demás especies, son criaturas creadas por Dios. Eso sin entrar en temas polémicos de cuanto hay de evolución y cuanto hay de creación.

El fracaso del primero hombre ocasionó la ruptura con el Creador: la desobediencia.


Esa separación se identifica en la Biblia como pecado, esa palabra tan desacreditada y fuera de nuestro tiempo.

Ese pecado ha ido reproduciéndose en el resto de la raza humana hasta nuestros dias a modo de virus contagioso.

Es lo que conocemos como pecado original. Un pecado que llevamos en cuanto nacemos.

Ese pecado o separación tiene graves consecuencias en nuestras vidas.

La Biblia dice que “la paga del pecado es la muerte”.

No se refiere a esa muerte por la cual todos debemos pasar, sino a la segunda muerte, la que hay tras nuestra partida hacia el más allá.

No es un destino muy halagüeño precisamente.


Esas son las leyes divinas que hemos recibido y que nada podemos hacer por cambiar.

Dios crea al hombre y dentro de su libertad, le impone unos limites.

No diremos normas, ni ordenes, sino limites de conducta.

Pero Dios en su amor infinito, ha provisto de una salida, de un escape y de una solución.


Dios envía a su único Hijo Jesús a la tierra, haciéndose hombre como nosotros para pagar esa muerte que ya a todos nos corresponde inevitablemente.

Pero esa muerte en la cruz que todos ya conocemos al menos en nuestro mundo occidental, es solo una parte de esa clausula del contrato que Dios intenta solucionar.

La otra parte corresponde a nosotros.

Nuestra parte es bien sencilla: creer.

A Jesucristo le ha costado su sangre, sufrimiento y muerte.

Una muerte que no le correspondía y que solo la aceptó por amor a nosotros.

El precio de la sangre derramada por Jesús es infinitamente valiosa y con nada se puede pagar.


Nuestra parte es aceptar ese sacrificio y tenemos toda una vida para pensar en ello y tomar la decisión de decir “si”.

Pero por desgracia, la mayoria dicen “no”.

Increiblemente con un desinterés inaudito, la mayoría dicen “no”.

“No”, por desinformación, “no”, por rebeldia, “no” por incredulidad.

Ese “no” delante de Dios, marcará nuestro futuro después de la muerte.


El infierno fue un lugar creado por Dios para los ángeles rebeldes que en su día desobedecieron.

Pero ese lugar también es por desgracia el destino de los humanos que habiendo nacido en pecado como todos nosotros, siguen rechazando el plan de salvación que Dios nos ofrece.

Se que todos estamos siempre muy ocupados en nuestros trabajos y quehaceres, pero esas decisiones en nuestro interior tiene más valor de lo que pensamos.



Guillermo Blanco 8-12-2009

http://misblogspersonales.blogspot.com/