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Muéstranos al Padre



6  Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
7  Si me habéis conocido a mí, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora le conocéis y le habéis visto.
8  Le dijo Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
9  Jesús le dijo: Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe, ¿y no me has conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices tú: "Muéstranos el Padre"?
10  ¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo; sino que el Padre que mora en mí hace sus obras.
11  Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creed por las mismas obras.
Juan 14, 6-11


Felipe le pide a Jesús que le muestre al Dios Padre todopoderoso, pero la esencia de Jesús encierra un misterio desconocido aun para nosotros, teniendo su Santa Palabra.
Al menos difícil de asimilar.
Padre, Hijo y Espíritu Santo es una unión indivisible de tres seres independientes pero unidos por un mismo pensar.
Jesús manifestó que Él y el Padre eran la misma cosa.
Tenemos muestras de la vida de Jesús en sus 33 años.
Y esa vida era también la del Padre, al menos en palabras, decisiones, actitudes, enseñanzas y pensamientos.

Yo puedo tener una buena relación con mi mujer y tener actitudes similares y amarnos mucho, pero siempre seremos dos seres diferentes y capaces en algún momento de enfrentarnos.
La actitud pacifica, de total amor y total sometimiento, impide esta situación entre cualquiera de los seres de la santa Trinidad.
En esto nos diferencia a Dios de los humanos.

Cuando Dios Padre pidió a su Hijo la difícil misión de rescatar a la humanidad, Jesús aceptó sin divagar.

Jesús estaba en el huerto de Getsemani orando antes del dia de su cruxifición.
36. Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a los discípulos: Sentaos aquí, hasta que yo vaya allá y ore.
37  Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.
38  Entonces les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo.
39  Pasando un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú.
40  Volvió a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar ni una sola hora conmigo?
41  Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero la carne es débil.
42  Por segunda vez se apartó y oró diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
43  Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
44  Dejándolos, se apartó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
45 Entonces volvió a sus discípulos y les dijo: ¿Todavía estáis durmiendo y descansando? He aquí la hora está cerca, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
46  ¡Levantaos, vamos! He aquí está cerca el que me entrega.
Mateo 26, 36-46

En la mente de Cristo se producía una terrible lucha de pensamientos y tentaciones.
Jesús no quería pasar por este doloroso trance, pero debía hacerlo.
Un clamor de desesperanza ante una copa que no quería y debía beber, porque era la voluntad de su Padre.
Asi el Padre lo exaltó hasta lo sumo por su obediencia incondicional y por un sacrificio extremo en dolor y sufrimiento.



Guillermo Blanco 17-11-2012