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Falsos cristianos


En las iglesias así como en otros lugares que se componen de personas, siempre veremos a quienes aparentando tener la doctrina sana y genuina, no son en realidad verdaderos cristianos.

Y el caso es que muchas veces ni ellos mismos lo saben.

No han hecho un examen de conciencia en profundidad y valoran su fe en base a las apariencias.

Se comportan exactamente igual que todos y en cambio su interior no es verdadero.

Solo Dios conoce el corazón.


Como conocerlos?

Para los que vienen conscientes y con malas intenciones, Jesús nos dió una pista muy sencilla basada en la naturaleza.


"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces.

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol podrido da malos frutos.

El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol podrido dar buenos frutos.

Todo árbol que no lleva buen fruto es cortado y echado en el fuego.

Así que, por sus frutos los conoceréis.

Mateo 7, 15-20


Muchos inconsciente se unen al grupo pero su interior no ha sufrido ningún cambio.

Alaban a Dios, ofrendan, oran, incluso pueden tomar algún cargo dentro de aquella comunidad cristiana. En cambio no pertenecen a la congregación celestial.


¿Por qué razón?

Sencillamente porque no hacen la voluntad de Dios.

Incluso Mateo comenta que algunos usaron el poder de Dios para hacer milagros y para profetizar. Pero realmente no eran del Señor.

La respuesta de Jesús es realmente dura para esas personas que siempre nos parecieron cristianas y convivieron entre nosotros.


“No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Muchos me dirán en aquel día: ‘¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas?’

Entonces yo les declararé: ‘Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!’

Mateo 7, 21-23



Guillermo Blanco 21-9-2011

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