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Los celos de Dios



¿Son malos los celos?

En muchos casos y en el matrimonio puede deberse a una actitud extremadamente posesiva en alguno de los dos conyugues.

Desconfía de cualquier actitud sobre el otro justificada o injustificadamente.

Se convierte en una dependencia persecutoria mental que en algunas ocasiones resulta ser falsa.


Cuando la actitud es justificada, puede también tomar un aire tenso y violento.

Posiblemente no podrá recuperar nunca más al conyugue si el engaño es real, pero se convierte en una venganza inconsciente que ya no aportará nada bueno ni retornará el clima a un estado anterior.


Pero los celos no tienen porque ser malos en todos los casos.

Una situación contraria definiría un matrimonio sin ningún tipo de ilusión, arraigo o atadura.

Tu haz lo que quieras que yo haré lo mismo.

No es ésta tampoco una conducta ejemplar.


Dios se manifiesta como celoso y esta actitud demanda un amor único y bidireccional.

Podemos y debemos amar a nuestro prójimo y como tal, hay prójimos a los que nos avenimos más y otros menos.

Pero el amor a Dios debe estar por encima de todo.

Digamos un amor de primera categoría y otro amor de segunda categoría.


Dios manifiesta los celos en tanto que nos ama profundamente.

Dios es amor y este amor es muy superior a lo que conocemos o podemos entender según nuestra vida y experiencia en esta tierra.

Conocemos el amor de pareja, el amor de padre a hijo y el amor de hijo a padre. Pero el amor de Dios supera nuestros limites.

Un amor que excede a todo conocimiento humano.

Por tal razón Dios se enfurecía y se disgustaba cuando su propio pueblo, el pueblo que Él elije durante el antiguo testamento y en tiempos pasados, se aparta de su buen camino para escoger falsos dioses y malas actitudes igual que sus pueblos vecinos.


La idolatría era condenada por Dios.

Era sustituir la adoración que Dios reclama y merece, por una adoración a un elemento material sin vida.


Dios es santo y requiere de la adoración de sus hijos.

Entiendo que no estamos acostumbrados a estos comportamientos y actitudes en un mundo material como el nuestro, donde el dinero y el poder predominan.

Pero esta es la vida espiritual que se mueve en el otro lado de la existencia y además en el lado bueno.

Por tanto los celos de Dios son justificados a causa de ese amor incondicional.


Si quieres puedes tomarlo como un amor posesivo, pero sano.

¿No lo es acaso nuestro amor cuando tenemos un hijo?

O le damos via libre para que haga lo que quiera y disponga de sus caprichos, sabiendo que lo mejor para él es una educación y una protección.

Al menos mientras está creciendo.


Los celos de Dios nos atan pero para bien.

¿Dónde está mejor un racimo de uva sino en la vid?

O quizás viviría mucho tiempo fuera de ella?

No estamos hechos para esa independencia que pretendemos y no es lo mejor para nosotros.

Desde nuestro punto de vista posiblemente no nos parezca asi.


Nuestra vida procede de Dios y como tal, solo en Dios tendremos vida plena, completa y satisfactoria. No fuera de Él.


Cuando un hijo decide marchar de casa a temprana edad, es el mayor disgusto que se le pueden dar a unos padres.

Lo cuidas, lo alimentas, lo proteges, lo llevas al medico cuando lo necesita, le das unos estudios y cuando decide, macha.

Y no me refiero a cuando decide formar una familia.

Es una especie de desprecio o de decepción por cuanto todo se lo has dado, pero recibes un rechazo.


Si entendiésemos el gran amor de Dios, quizás entenderíamos los celos de Dios.

Dios nos quiere junto a Él y le duele cuando no le correspondemos.

Muy lógicamente no entendemos ese sentimiento por cuanto generalmente no lo vivimos.

Pero eso no significa que no exista, ni que no seamos amados.



Guillermo Blanco 13-2-2012

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