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Porque sufrimos y enfermamos

Porque enfermamos, porque tenemos accidentes y porque sufrimos.

Muchas veces cuando nos vienen males, no suelen venir solos.

Suelen venir acompañados por otros males, como si algo nos persiguiera.


En las sagradas escrituras tenemos un texto significativo

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.

(Juan 9:1-3)


En nuestro interior solemos hacernos estas preguntas cuando algo no funciona bien o cuando estamos en problemas y apuros.

Los males y los problemas suelen hacernos plantear de forma natural algunas preguntas:

¿Por qué me pasa esto? ¿Habré hecho algo mal? ¿Qué habré dejado de hacer?

Puede ser superstición o puede ser un pensamiento emitido por la angustia.


Jesús no dijo quien pecó en el caso del ciego, sino que dijo que este hombre fue ciego para que el poder de Dios se manifestara en él.

Había una finalidad en este caso.

No creo que Dios pretenda que juzguemos los males que vemos a nuestro alrededor.


Estos males pueden tener su origen en la casualidad ó quizás en la situación geográfica de un pais, como pasar hambre y sufrir muerte prematura simplemente porque hemos nacido en un país pobre del continente africano y encima si está inmerso en un conflicto bélico.

Podemos sufrir desastres naturales por haber nacido en un país propenso a cataclismos, inundaciones o huracanes.

El país de nacimiento es muy importante, pero no imprescindiblemente determinante.


A veces nacemos en un país desarrollado, estable políticamente, cómodo y aún así algunas personas ó familias son perseguidas por males continuados.


Ante todo, hemos de diferenciar que una cosa son los males y enfermedades y otra es la muerte.

Nuestra evolución en vida nada tiene que ver con el día de nuestra muerte.

Solo Dios sabe el día de nuestra muerte, sea cual sea la vida que hayamos tenido. Un rico puede morir pronto o tarde al igual que un pobre.


Es posible que algunas veces Dios se sirva de situaciones desagradables para conducirnos hacia alguna decisión o actitud, y eso solo Dios lo sabe.

A veces incluso, nuestros males sirven para conducir a terceros hacia otras actitudes, siendo nosotros "injustamente" los perjudicados.

En cualquier caso no creo acertada una actitud de conformismo, sino debemos reflexionar y reconsiderar nuestras actitudes y posiciones en especial frente a nuestro Dios que es en definitiva quien todo lo controla y quien mueve nuestros caminos.

Escuchar la voz de Dios y conocer que quiere de nosotros.

El nos escucha, Él espera que le llamemos y Él puede resolver nuestros problemas, porque Dios no es un Dios de muertos sino de vivos.


Lo que si estoy seguro es que aquellos que viven la fe en Jesucristo en su plenitud y sufren males, no es por casualidad.

Dios no nos tiene abandonados, ni olvidados.

Dios no se despista.

Y Dios como creador del oído, también oye y escucha.

Y si algo nos ocurre, sabemos que es para nuestro bien.


Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

(Romanos. 8:28)


Si mi afirmación es equivocada, el texto bíblico también lo es.


A veces Dios nos fuerza a algo, o nos reprende, pero nunca es para atormentarnos ni para maldecirnos, sino para llevarnos a algo que a la larga nos beneficiará.

Se que es fácil decirlo y difícil entenderlo cuando se está viviendo, como también se que es mas fácil visualizar un bosque desde fuera, que cuando se está dentro.


Hay familias que están sin trabajo, con deudas, a punto de ser desahuciados y encima con algún miembro de la misma familia metido en la droga.

Hay familias con fallecimiento de un miembro por una enfermedad mortal, y lo mismo ocurre después de un tiempo con otro miembro con otra enfermedad diferente.

Y esas familias pueden vivir justo al lado nuestro de nuestra vivienda, separada por un tabique de solo 15cm. Y a nosotros nos pueden ir bien las cosas.

Son simplemente destinos diferentes.

Y esas malas rachas deben hacernos pedir ayuda al Dios todopoderoso.

Él es el único que puede ayudarnos.

Y Dios responde si lo llamamos e invocamos con toda nuestra fuerza y persistencia no a modo de frases rutinarias y repetitivas sino como quien pide ayuda a un padre.

Bien es cierto aquel refrán que solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando llueve.

A Dios no le tenemos que tener en cuenta solo en los malos momentos sino también en los buenos.


Otras veces, la vida que llevamos es una consecuencia del camino que hemos escogido.

El que practica deportes de riesgo, tiene más números de sufrir un accidente que el que practica juegos de mesa.

Los caminos que tomamos solemos escogerlos nosotros y si en ellos hemos nacido, conciencia tenemos para salir.


En otro orden de cosas, he conocido casos de familias con dramas vividos, habiendo en el núcleo familiar alguien que practicaba o "jugaba" con lo que llamamos, ocultismo.

No creo que sea una casualidad y creo que el mal atrae al mal.

Este tipo de actividades son propensos a arrastrar males en muchos casos.


De cualquier modo, cada caso es único y cada situación dramática vivida requiere de una solución diferente.


La muerte sin embargo puede sobrevenir por diferentes motivos.

Una vida prolongada puede ser un motivo de bendición por parte de Dios.

"Honra a tu padre y a tu madre para que tus dias se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te dá"

(Exodo 20,12)


Una vida acortada no tiene porque ser siempre una causa de una vida corrupta.

Puede tener su origen en un llamado de Dios para estar ante su presencia a causa de una misión ya finalizada en esta vida.

Puede esa muerte prematura, provocar un despertar espiritual en la vida de los que le rodean.

Y si estamos aquí con vida es porque algo tenemos todavía que hacer y una misión que cumplir ó para una espera determinante en nuestras decisiones y actitudes.

En cualquier caso, la voluntad y deseo de Dios es nuestra salvación personal, algo que Dios no puede provocar ni forzar y que solo depende de nuestra decisión, una decisión que muchas veces viene condicionada por las situaciones que vivimos.


Guillermo Blanco 21-8-2010

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